martes, 18 de noviembre de 2014
El carbón
Hola de nuevo!!
Hoy va de carbón... mis padres hacían carbón, ese oro negro que llegaba del campo a nuestros hogares. Cuando se encendía era de un rojo fuerte brillante y chispeante, aquellas chispas que a más de uno quemó una que otra camisa y a las mujeres más de unas medias
Para hacer el carbón, paso a paso, primero hay que tener la materia prima que es la leña de encina, primero se talan las encinas, podar como decimos ahora, luego se cortan los palos y se clasifican por tamaños: los gordos a un lado, luego los medianos y por último los mas delgados. Se aplana una explanada de tierra en el campo y empezamos a fabricar el horno y empezamos con los trozos más gordos para la base (que se le decía la burra). Se iban apilando todos los gordos bien puestos, luego ya se iban poniendo los medianos -siempre con sumo cuidado- y redondeándolos con los más pequeños. Se hacía como media naranja boca abajo, luego se ponía pasto o hierba seca alrededor, se cubría con tierra y con la misma leña se habían hecho unas puertas alrededor del horno y se le prendía fuego y así hasta que se quemaba la leña en el punto justo del carbón (una semana aproximadamente).
Aquí entran otra vez mis padres, bueno siempre han estado presentes en todo el proceso, mi madre que era muy femenina y además muy trabajadora se ponía junto a mi padre y entre los dos tenían que deshacer el horno uno por un lado y el otro por el otro. Lo deshacían con sumo cuidado ya que estaba caliente y te podías caer dentro, lo iban extendiendo para que se enfriara y luego había que vigilarlo por si se encendía alguna candela luego había que apagarlas así todo un día y una noche
Y aquí entra Menchu que era una niña... había que apañar el carbón del suelo en unos cestos que se hacían de varetas de olivos -cestos de mimbre- y hacer una pila. Un atardecer ya casi oscurecido mi padre me decía la mama apaña más que tú y yo inocente me puse a apañar más deprisa para llenar el cesto antes que mis padres y al ir a coger un puñado de carbón me picó un escorpión (que aquí le llaman alacrán). Ay qué dolor! me dio por correr y mi madre que tenia remedios para todo cogió un cubo con agua fría y me metió la mano y así corrimos todos los caminos de la finca, que no son pocos. Y mi padre, por otro lado, de cortijo en cortijo buscando amoniaco (que no encontró en ningún sitio) y un señor le dijo: "coges una rama de adelfa, le das un corte en el dedo a la niña, y la leche que echa la adelfa se la pones donde le ha picado" y mi padre dijo la leche bien, pero cortar a su hija ni hablar! así que, sin corte, llegó la hora de dormir y naturalmente me seguía doliendo y yo les decía si estaba durmiendo con mi madre le decía yo quiero ir con papá que me duele menos y si estaba con mi padre lo mismo... yo no podía dormir ni los dejaba a ellos
Y aquí entra otra vez la inventora de mi madre, dice: y si le damos una latilla de vino a la niña? La lata era de esas de leche condensada, que había antes de un cuarto de litro (que antes se aprovechaba todo y el latero les ponía un asa y servía para tomar café, vino, agua) en fin me tomé el vino y dormí unas dos horas y me dieron otra lata de vino. Lo que sé es que el dolor me duró veinticuatro horas, no tan fuerte, pero duele!.
Hay un dicho que dice: Eres más apañá que un jarrillo de latas y viene de esas latas que servían para todo).
Hoy recuerdo todo esto con mucho cariño.
La historia es muy larga, os doy permiso para leerla en dos veces :-P
Un saludo para todos de esta vuestra menchu
jueves, 13 de noviembre de 2014
La Encina
Hola soy Menchu otra vez, son las cuatro de la madrugada y el agua que caía me ha despertado, ahora no consigo conciliar el sueño y me he dicho ¿por qué no escribes algo? que ya hace mucho que no cuentas nada.
Pensando he recordado la historia de una encina a la que mis padres llamaban barbiana, alta, fuerte robusta, majestuosa, y castiza. Cada año cargada de bellotas.
Cierro los ojos y veo dónde estaba, cómo era y digo cómo era porque un buen día cuando fuimos se había caído con unos fuertes vientos que hubo. La pobre encina ya tenía más de cien años en la familia, esto hace unos años y aún la recuerdo.
Ahora cuando voy al campo miro para un lado y para otro y se están secando todas ¡que pena! no quiero pensar en los campos sin encinas... que no solo dan bellotas, que se talaban y se hacía el carbón, carbonilla y leña para las chimeneas; bellotas para los cerdos (que por eso los jamones de bellotas son tan buenos). Las bellotas también se pueden comer crudas, tostadas en las chimenea o en una sartén al lado de la lumbre. También se hacen pasteles con las bellotas, que por cierto están muy buenos, licores y unas cuantas cosas más que yo no sabré.
Bueno espero que el agua que me ha despertado las riegue y se puedan salvar muchas.
Cuántas historias bonitas se pueden contar de las encinas!, aunque un poco tristes por que se están secando, pero es la realidad.
Espero que alguien lea la historia y se pueda solucionar el problema y un día podamos volver a ver otra vez a los cerdos comiendo bellotas debajo de las encinas.
Mis saludos cordiales para todos mis lectores de esta que os aprecia.
Menchu
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